No eres lo que haces
Ayer vi un tweet que me hizo echarme las manos a la cabeza.
Venía de alguien con bastante influencia en el mundo de los negocios.
Puede ser una reflexión inofensiva, incluso útil para muchos, pero que esconde una idea subyacente corrosiva sobre la que no nos damos cuenta.
Dice así:
“Cuando vendas tu empresa o algo que te costó mucho esfuerzo, asegúrate de tener otra motivación o encontrar una relativamente rápido cuando descanses. Te puedes sentir muy triste y sin razón de ser”.
Este tipo de consejos nos llevan a una prisión sobre la que he hablado muchas veces: la identificación con el hacer.
Somos lo que hacemos y, por lo tanto, solo me sentiré feliz, pleno, satisfecho, contento, motivado… si logro vender más, tener varias empresas, ser reconocido por otros profesionales, tener miles de me gustas en mis posts, ser referente en algo, terminar este curso que me dará las claves para tener éxito en la vida, encontrar a la pareja de mi vida y un largo etcétera interminable.
Depositar tu felicidad o plenitud en una cosa o persona, es el error de base.
Simplemente porque esto solo se encuentra en ti, no en algo externo.
Lo que haces debe ser una manifestación de lo que eres, un desarrollo de tu propia esencia, pero jamás sustituirla ni matarla.
Por eso, cuando te paras y dejas de hacer, a la mayoría nos entra una ansiedad incómoda y un sentimiento de culpa difícil de manejar.
Algunos incluso tristeza y depresión.
Pero es que es ahí donde está la clave.
Por que solo en el “no hacer” es cuando nos logramos encontrar.
Podemos saludar de nuevo a ese “yo” que habíamos olvidado por estar demasiados ocupados haciendo y haciendo.
Y esto nada tiene que ver con no tener objetivos vitales.
Simplemente que estos objetivos no deben llevar las riendas de tu vida y suplantar a quién eres por el quién eres cuando haces.
Leí un post del terapeuta Alfred Font que lo define a la perfección:
“Cuando atribuyes tu felicidad al dinero, desarrollas apego, frustración e inseguridad hacia cosas materiales.
Cuando atribuyes tu felicidad a otra persona, te vuelves posesivo, dependiente y demandante.
Cuando atribuyes tu felicidad al futuro, dejas de estar presente y la ansiedad te impide poder disfrutar de lo que sucede ahora.
Cuando atribuyes tu felicidad al pasado, vives el presente con tristeza, melancolía y añoranza.
Cuando atribuyes tu felicidad a quién puedes llegar a ser, te pierdes a ti mismo persiguiendo el espejismo.
Cuando atribuyes tu felicidad al conocimiento y la información, piensas la vida en lugar de vivirla y siente que siempre falta algo más por saber”.
Así que cuando pases por una crisis por pérdida de una empresa, empleo, clientes, etc. no busques rápidamente un sustituto.
Quédate ahí. Párate. Reflexiona y vuelve a lo que nunca se fue: a lo que eres.
Seguro que ahí encontrarás la respuesta para dar los próximos pasos.
