Lo que perdemos en el camino
Relaciones cadáveres
De poco se habla en el mundo del emprendimiento y de los negocios de las pérdidas.
Pérdidas dolorosas, significativas e inevitables en un proceso de crecimiento personal y profesional.
En mi caso, han sido los momentos más complicados de afrontar.
Encuentras a personas que se convierten en amigos inseparables que te acompañan y apoyan durante largos años.
Gente a la que quieres y querrás siempre, pero que se quedan estancados en su forma de pensar y vivir.
Un estilo de vida que compartiste, pero que ahora no solo es opuesta a la tuya, sino que también te aburre.
Y no es cuestión de estados civiles: solteros con casados, matrimonios con o sin hijos… hablo de mentalidad, de visión, de inquietudes, de salir de lo seguro y conocido.
Entonces llega la culpabilidad, el desarraigo y el miedo a quedarte solo, sin amigos.
Te gusta quedar y verlos, pero a la vez sientes que estás perdiendo tu tiempo.
Cuando te alejas, por lo general, la mayoría no lo entiende.
Y empiezan los reproches, los enfados, los chismes… y hay un periodo que haces lo que debes y no lo que quieres por complacer al resto.
Son relaciones cadáveres.
Como los matrimonios que ya solo comparten el anillo de casados.
Hasta que un día empiezas a priorizarte.
Prefieres quedarte en casa viendo una serie, escuchando un podcast o trabajando que volver a ver y escuchar las mismas historias, los mismos chistes, los mismos pensamientos y los mismos comportamientos.
Pase lo que pase.
Y ya no solo hablo de amigos.
También parejas, familiares, compañeros de trabajo, etc.
Los que se quedarán a tu lado son los que respetan tus tiempos, tu nueva vida y te motivan a seguir y a crecer.
Te acompañarán y aceptarán tal y como quieres ser y vivir.
Los demás son lastres que hay que saber soltar aunque duelan.
