Cuando ya es demasiado tarde: los 5 arrepentimientos del ser humano antes de morir
Bronnie Ware, enfermera de cuidados paliativos, escribió en su blog (en 2009) un artículo titulado “Regrets of the Dying” (Arrepentimientos de los moribundos).
No tenía grandes pretensiones.
Solo recogía lo que había escuchado durante años acompañando a personas en sus últimos días de vida.
Pero para su sorpresa, el texto se volvió viral.
Miles de personas lo leyeron y compartieron. Se reconocían en algo que, en teoría, no iba con ellos porque aún estaban vivos.
Ahí entendió que no estaba hablando de la muerte, sino de la vida.
O mejor dicho, de lo que las personas no hacen, de lo que callan y de lo que posponen hasta que es demasiado tarde.
Debido a su gran repercusión, en 2012 publicó su conocido libro "The Top Five Regrets of the Dying" (Los cinco arrepentimientos más comunes antes de morir).
Es una lista que es interesante guardar y releer cuando te sientas perdido, pesimista con el futuro o un poco desmotivado con la vida.
Te hace tomar perspectiva y priorizar lo que realmente importa.
1. Vivir la vida que otros esperan de ti
¿Cuántos sueños cumplidos son realmente tuyos o de otros?
Muchas decisiones se toman para evitar conflictos y cumplir las expectativas de otros para sentirse amado, reconocido, aceptado...
Te adaptas. Te ajustas. Te vuelves “funcional” según lo que otros marcan.
Es una estrategia que funciona hasta que deja de hacerlo.
Y cuando alguien dice “ojalá hubiera vivido mi vida”, está hablando no solo de sueños incumplidos. Está hablando de una identidad que nunca llegó a construirse.
De un “yo” que delegó a otros.
¿Hasta cuándo vas a estar negociando contigo para evitar incomodar o decepcionar a otros? ¿Hasta cuándo vas a negarte a ti mismo tu propia felicidad?
2. Trabajar demasiado
Según Ware, era un arrepentimiento mayoritario de los hombres (también de algunas mujeres) que echaban de menos la infancia de sus hijos y la compañía de sus parejas.
Lamentaban lo que dejaron de disfrutar mientras trabajaban: abrazos, risas, momentos irrepetibles..
Esto se puede aplicar también a personas sin hijos y/o sin pareja que no priorizaron pasar más tiempo con sus padres o hermanos, con sus amigos, con ellos mismos…
Muchas veces el trabajo no es el problema, sino lo que se está evitando con él.
La adicción laboral se convierte en una distracción socialmente aceptada para no enfrentarse a otras áreas de tu vida que están rotas.
Y la clave no siempre es trabajar menos, sino trabajar de forma más inteligente.
3. No expresar lo que sientes
El silencio y la represión de lo que sentimos es el camino directo al resentimiento y la amargura.
A corto plazo, evitas la confrontación o el rechazo, pero a largo plazo te condenas a una existencia de sumisión y resignación.
Callarte no es una decisión neutral, es activa.
Puedes generar una tensión silenciosa que se materializa en forma de distancia, rencor o incluso somatizaciones físicas.
Además, la respuesta o reacción del otro está fuera de tu control. Es más, hay altas probabilidades de que escuches o veas algo que no querías. Pero es el precio que hay que pagar para liberarte de la prisión que te has construido.
Aquí la clave no es decirlo todo, sino usar el silencio como herramienta estratégica en la relación con los demás.
4. Perder el contacto con amigos
Muchos de los enfermos que trató Ware se quejaban de que se habían centrado tanto en sus propias vidas ajetreadas que habían dejado escapar amistades importantes con el paso de los años.
No les habían dedicado el tiempo y el esfuerzo que se merecían para que siguieran en pie.
Es el peligro de darlo todo por sentado.
Las relaciones de amistad (como cualquier otra relación) no se mantienen solas. Requieren compromiso, implicación y dedicación.
Piensa que cuando la vida se reduce a lo esencial, lo que queda no es el éxito ni el estatus. Son los vínculos que has logrado crear.
5. No permitirse ser feliz
Muchos pacientes de Ware reconocían que eligieron no ser felices.
No de forma consciente, claro.
Pero sí a través de hábitos, pensamientos y decisiones que mantenían su vida en una especie de zona segura pero vacía.
El miedo al cambio era más poderoso que la propia felicidad, fingiendo una vida que no les hacía reír ni disfrutar.
Si haces lo mismo, piensas lo mismo y eliges lo mismo, no puedes esperar sentir y vivir algo diferente.
Al final, la mayoría de los arrepentimientos no son por errores. Son por omisiones.
Por todo lo que evitaste, por todo lo que dejaste de hacer.
Y no.
No necesitas esperar a estar en tu lecho de muerte para darte cuenta.
Recomendación
He visto dos veces este documental. Siempre me emociona.
Stutz (Netflix) escrito y dirigido por el actor de Hollywood Jonah Hill, está protagonizado por él mismo y por su psiquiatra y terapeuta, Phil Stutz.
Es un hermoso viaje hacia la vulnerabilidad, el amor y la amistad entre dos seres humanos heridos.
El rincón del pensamiento crítico
Ellen Jane Langer, profesora universitaria de psicología en la Universidad de Harvard, propone un enfoque diferente de cómo tomar decisiones sin perder tiempo en buscar la decisión “correcta”.
La frase
“¿Para que sirve el arrepentimiento si eso no borra nada de lo que ha pasado? El arrepentimiento mejor es, sencillamente, cambiar”
José Saramago
¿Conflictos en tus relaciones?
La mayoría de relaciones no se hunden por falta de amor, respeto o voluntad.
Se hunden por falta de estrategia y comunicación.
Cómo no sabes qué hacer para salir del bucle, haces más de lo mismo.
Más conversaciones que acaban mal.
Más intentos que terminan en reproches.
Más desgaste.
Sin una forma distinta de comunicarse y actuar, todo se repite.
No necesitas años de terapia. Ni remover el pasado. Ni esperar a que el otro cambie.
Necesitas saber qué hacer, cuándo y cómo hacerlo para cambiar la dinámica relacional que tienes delante.
Porque el cambio no viene de entender el conflicto, sino de hacer algo distinto con él.
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