Lo que aprendes cuando el cuerpo enferma y gana
Llevo mes y medio fuera de combate por culpa de un maldito virus que me ha obligado a parar en seco.
Sin newsletters, sin contenido en redes, sin responder mensajes, sin cumplir con casi nada de lo que tenía en marcha.
Solo lo imprescindible. Y a ratos, ni eso.
De la cama al sofá y del sofá a la cama.
Conforme pasan los años (y los 50 me los acaba de recordar con especial claridad), la salud es lo primero que notas con más intensidad cuando falta.
La fragilidad se hace más real, más inevitable, más dura (sobre todo, si eres autónomo).
Y con ella aparece algo que a muchos nos cuesta admitir: que ya no tenemos las mismas fuerzas que antes.
Que el cuerpo no es un robot 24/7 a tu servicio.
Que hay un límite, y ese límite a veces lo pone él, sin consultarte.
He pasado por varios procesos de enfermedad y algunos accidentes a lo largo de mi vida.
Y cada vez que ocurre, siempre hay una lucha o resistencia a aceptar el proceso.
Hay momentos en los que la única salida es rendirse y dejar que el cuerpo haga su trabajo.
Pero claro. Rendirse no es lo que nos han enseñado.
Lo que nos han enseñado es que parar es fracasar.
Que si no produces, no vales.
Que el reposo es para los débiles o para cuando te mueras.
Que el mercado, la competencia, los clientes no van a esperarte.
Y entonces enfermas, y en lugar de descansar, te metes en una guerra interna de la que sales mucho más agotada que de la enfermedad misma.
Porque el sufrimiento psicológico que rodea a una enfermedad rara vez viene solo del dolor físico. Viene de la forma en que la mente procesa ese dolor.
De las historias que te cuentas. De lo que interpretas sobre ti mismo a partir de lo que ya no puedes hacer.
Y ahí es donde empieza el verdadero problema.
Hay varios patrones que la psicología lleva tiempo documentando como respuestas disfuncionales ante la enfermedad. Los reconocerás porque probablemente los hayas vivido, o los estés viviendo ahora mismo.
1. Pelear contra la realidad
La mente humana tiene una resistencia feroz a aceptar lo que no controla.
Cuando el cuerpo falla, lo primero que hacemos es negarlo, minimizarlo o intentar forzar la recuperación antes de tiempo.
Gastamos una cantidad brutal de energía peleando contra algo que ya ha ocurrido. Y esa pelea es lo que más retrasa la curación.
Epicteto decía que …
"Los hombres no se perturban por las cosas, sino por las opiniones que tienen de las cosas."
2. Vigilar obsesivamente el propio cuerpo
Tras una enfermedad importante o un susto médico, es habitual empezar a escuchar el cuerpo de forma compulsiva.
Cualquier señal se convierte en amenaza.
Cualquier molestia activa la alarma.
Y aquí ocurre algo paradójico: el intento de controlar las funciones corporales, las altera.
La ansiedad genera los mismos síntomas físicos que intentabas prevenir. Te conviertes en el vigilante de una prisión de la que eres también el preso.
3. Quejarte a todas horas
Hablar del dolor parece aliviar.
Y en cierta medida, puntualmente, lo hace.
Pero cuando la queja se convierte en el eje de la comunicación, en lugar de liberar el sufrimiento, lo amplifica.
Y genera lo que en psicología se llama “ganancias secundarias” (atención, cuidado, compasión) que sin querer anclan a la persona en el rol de enferma mucho más tiempo del necesario.
No digo que no haya que pedir ayuda ni que haya que aguantar en silencio.
Digo que existe una diferencia entre compartir el dolor y construir tu identidad alrededor de él.
4. Buscar una anestesia rápida.
Sedarse para no sentir. Distraerse para no pensar.
Eliminar cualquier rastro de incomodidad tan rápido como sea posible.
El problema es que el dolor (físico y emocional) funciona como la fiebre: es una señal.
Una señal que te pide parar, que algo necesita tiempo y atención.
Cuando la apagas por la fuerza, el cuerpo encuentra otra manera de hablar. Generalmente más alta.
Milton Erickson, uno de los terapeutas más influyentes del siglo XX, trabajó durante décadas con pacientes que vivían con dolor crónico.
Una de sus aportaciones más interesantes fue lo que llamaba “división del pronóstico”: separar lo que es orgánico (la lesión, el proceso biológico) de lo que es psicológico (el miedo, la ansiedad, la narrativa que construimos alrededor).
Hay una parte del dolor sobre la que no tienes control.
Acéptala.
Pero hay otra parte (la tensión mental, el catastrofismo, la lucha) sobre la que sí lo tienes. Y en esa parte es donde puedes trabajar.
Porque cuando dejas de gastar energía peleando contra lo que no puedes cambiar, esa misma energía va a donde tiene que ir: a sanar.
Lo más difícil de este mes y medio (además del dolor físico), ha sido aguantar el silencio de no producir.
La incomodidad de no llegar a todo. La sensación de que el mundo sigue y yo estoy parada.
Pero también me ha ayudado a volver a recordar lo importante: que no hacer nada, cuando el cuerpo lo necesita, es exactamente lo más inteligente que puedes hacer.
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Recomendación
Sin duda puedo afirmar que Half Man es la mejor serie del año. Dura, incómoda, sin concesiones. De las que te dejan sin aire y sin ganas de hablar en un rato. No es fácil de ver. Y precisamente por eso merece verse.
Consejo WakeUp
Cuando estás enfermo, el mayor saboteador no es el dolor. Es lo que haces con él.
Prueba con esto:
➡︎ Coge un papel y escribe durante 10 minutos todo lo que estás haciendo para intentar mejorar o controlar la situación (buscar información, vigilar síntomas, quejarte, forzar el descanso, adelantar trabajo para cuando estés mejor...)
➡︎ Ahora pregúntate con honestidad: ¿alguna de estas cosas está funcionando, o simplemente te da la sensación de que estás haciendo algo?
➡︎ Durante la próxima semana, elige una sola cosa de esa lista y para de hacerla. Sin sustituirla por otra. Sin compensar.
Solo detén el patrón y observa qué ocurre.
Si lo logras, repite el proceso con otra solución intentada disfuncional.
A veces la recuperación no empieza cuando haces algo diferente. Empieza cuando dejas de hacer lo que empeora el problema.
El rincón del pensamiento crítico
¿Para qué compiten en Occidente? El cantautor, poeta y escritor Facundo Cabral cuenta lo que un sabio en la India le respondió tras hacerle esta pregunta. Grábatelo.
La frase
"El descanso no es ociosidad. Tumbarse en el campo en un día de verano escuchando el murmullo del agua o contemplando las nubes pasar no es tiempo perdido."
John Lubbock
Nota: Esta newsletter tenía que haber salido a las 16:00 h, pero aún estoy reorganizando tiempos y tareas. Poco a poco todo volverá a la normalidad.







Ánima Susana con tu propio proceso.
Me ha parecido una guía súper interesante para guardar y releer cuando se produzca esa enfermedad o dolor.
Que yo soy de los que se obsesiona por recuperarse.