La rebelión invisible de "La Gran Renuncia"
España está a punto de batir un récord inquietante.
Más de 3 millones de personas habrán renunciado voluntariamente a su trabajo antes de que acabe el año.
En 2024 ya se registraron 2.886.670 dimisiones, un 4,4 % más que el año anterior y más del doble que hace una década.
En los primeros 8 meses de 2025 ya se superó la barrera de los 2 millones, según la Tesorería General de la Seguridad Social.
No hablamos de despidos, hablamos de personas que se levantan un día y deciden marcharse.
El fenómeno comenzó en 2022, cuando se habló por primera vez en España de la “Gran Renuncia”.
Desde entonces, el número de bajas voluntarias no ha dejado de crecer.
Los motivos ya no son solo económicos: los empleados (sobre todo, entre la Generación Z) huyen del agotamiento, la falta de reconocimiento, el deterioro del ambiente laboral, la temporalidad y la ausencia de sentido.
Quieren tiempo, no sólo salario.
Quieren vida y bienestar emocional, no solo trabajo.
Y ese cambio de prioridades está desmantelando una de las narrativas más sólidas del siglo XX: la del trabajo como pilar de la identidad.
El psicólogo Erich Fromm advirtió, hace casi setenta años, que el hombre moderno se había convertido en una mercancía.
“El hombre moderno se ha convertido en un artículo; experimenta sus fuerzas vitales como una inversión que debe reportarle el máximo beneficio posible en las condiciones del mercado.”
En su afán por producir, se olvidó de ser.
Quizá estas renuncias masivas sean una forma inconsciente de rebelión contra esa alienación silenciosa.
Personas que no renuncian al trabajo, sino a la forma en que el trabajo ha dejado de tener alma.
Viktor Frankl, psiquiatra creador de la logoterapia, decía que la vida nunca se vuelve insoportable por las circunstancias, sino solo por falta de significado y propósito.
Lo que estamos viendo hoy es una pérdida masiva de ese porqué.
Ya no se renuncia porque se quiera trabajar menos, sino porque ya no se soporta trabajar sin sentido.
El esfuerzo sin propósito se ha vuelto insostenible. Y cuando una vida se reduce a producir y rendir, el cuerpo y la mente acaban presentando la dimisión antes que el empleado.
El filósofo y escritor Zygmunt Bauman, escribió que vivimos tiempos líquidos, donde nada dura lo suficiente como para generar pertenencia.
Tal vez eso explique por qué los trabajadores ya no sienten apego a las empresas.
Durante años se les pidió lealtad a cambio de estabilidad, pero las sucesivas crisis, los recortes y la precariedad vaciaron ese contrato emocional.
Hoy la estabilidad no es seguridad, sino estancamiento. Y la renuncia, más que una huida, se ha convertido en una forma de libertad.
Según un informe de Alan de 2025, el 40 % de los empleados españoles contempla renunciar este año por estrés y agotamiento.
Muchos ya lo han hecho.
Y lo más revelador es que la mayoría no lo viven como un fracaso, sino como un acto de coherencia.
Quizá por primera vez, millones de personas están eligiendo priorizar su bienestar frente a la promesa vacía del éxito.
No te despiden. Te vas tú.
Y en esa decisión silenciosa, a menudo hay más conciencia que en mil discursos de motivación.
En mi caso, mi renuncia hace 5 años fue la mejor decisión de mi vida. Hui del estrés, de la desmotivación, del cansancio de la responsabilidad no reconocida, de la falta de sentido…
Quizá la “Gran Renuncia” no sea el síntoma de un país cansado, sino el despertar de una generación que empieza a recordar que la vida no se gana trabajando más, sino viviéndola mejor.
Recomendación
Hoy te traigo un documental de HBO que te sacará sonrisas y lágrimas a partes iguales: Every Brilliant Thing.
Un monólogo conmovedor sobre un hijo que, para aliviar la depresión de su madre, crea una lista de cosas por las que merece la pena vivir. A través de esa enumeración, el protagonista acaba descubriendo su propio modo de sostener la esperanza.
Sin sentimentalismos baratos, te recuerda que incluso en medio del sufrimiento, siempre hay un motivo para seguir eligiendo la vida.
Consejo WakeUp
Epicteto, el mayor representante de la Escuela Estoica, enseñaba que la paz interior no proviene de dominar el mundo, sino de dominar la atención.
Habló en su obra “Manual de Vida” de la llamada dicotomía del control.
“Hay cosas que dependen de nosotros y cosas que no.
De nosotros depende la opinión, la inclinación, el deseo, la aversión: en una palabra, todo lo que es obra nuestra.
No depende de nosotros el cuerpo, la riqueza, la reputación, los honores: en una palabra, todo lo que no es obra nuestra.”
Con esa distinción, Epicteto sentó una de las bases más poderosas del pensamiento estoico: la libertad interior no se alcanza controlando el mundo, sino reflexionando qué pertenece a tu esfera de acción y qué no.
En la práctica, lo puedes concretar trabajando la aceptación de lo que no se puede cambiar y en la acción con coherencia de lo que sí puedes cambiar.
Por ejemplo, tienes un viaje organizado de un finde de semana que llevas meses preparando con un grupo de amigos que, al final, se va a la mierda porque os cancelan la reserva días antes. La reacción normal es el enfado.
Ahora bien, si ese enfado lo mantienes todo el fin de semana, arruinando la posibilidad de vivir ese tiempo libre de otra forma, estás perdiendo energía por no aceptar lo que ya no se puede cambiar.
¿Cómo usas tu atención y energía? ¿En cosas que puedes cambiar o en las que no?
El rincón del pensamiento crítico
Una reflexión muy inteligente de Yolanda Ramos sobre la dictadura del presente. Esa presión moderna por estar siempre “aquí y ahora”, incluso cuando lo auténticamente humano (en muchas ocasiones) es permitirse no estar del todo bien, no estar del todo presente y simplemente imaginar que algo mejor es posible.
La frase
“Cuando llegues al final del camino, te darás cuenta de que tú eras la meta”
Alejandro Jodorowsky
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