La adicción silenciosa que todos aplauden (y que te está rompiendo por dentro)
Durante años viví con la sensación de que, si no me superaba cada día, alcanzaba metas determinadas, estaba fallando.
El movimiento continuo me daba una sensación de seguridad, como si solo pudiera confiar en mí cuando estaba superándome.
No había espacio para detenerme a preguntarme desde dónde hacía todo eso.
Simplemente sentía que tenía que hacerlo.
Y lo curioso es que eso mismo lo veo reflejado cada semana en consulta.
Grandes profesionales en lo suyo, inteligentes, sensibles y con gran experiencia (incluso éxito) que no han parado de trabajar duro, de acumular méritos… pero aún así, no logran sentirse en paz.
Siempre les falta algo más que alcanzar para sentirse satisfechos (o felices).
Llevan demasiado tiempo persiguiéndose a sí mismos.
Hemos confundido el desarrollo profesional y personal con una carrera de fondo.
Una que no termina nunca.
Donde lo que no mejora, molesta. Donde no hay derecho a detenerse, ni a desorientarse, ni a ser mediocre un rato.
Y todo esto viene de muy lejos.
El psicólogo David McClelland definió tres grandes motivos que mueven la conducta humana: logro, afiliación y poder.
En concreto, el motivo de logro es el impulso interno que nos lleva a alcanzar estándares altos, a buscar la excelencia, a no conformarnos.
Y puede ser un motor necesario… o una fuente de ansiedad crónica.
El motivo de logro, en particular, ha sido ensalzado como si fuera una virtud en sí misma. Y claro, ¿quién no quiere superarse, esforzarse, dar lo mejor?
Pero cuando ese impulso deja de ser una elección y se convierte en la única manera de sentirse válido, deja de ser una motivación sana… y se convierte en un sistema de autoexplotación.
La psicóloga Marian Ruth Winterbottom ya observó que el motivo de logro se aprende.
No es genético, no es natural: es una construcción social y emocional.
Se instala en la infancia, según cómo nos educaron, qué se esperaba de nosotros, cuánto espacio nos dieron para ser sin hacer.
Según su investigación, los niños con alta motivación de logro eran alentados a ser independientes desde muy pequeños: recoger su habitación, hacerse cargo de su ropa, tomar decisiones. Y lo más interesante: sus madres no recurrían al castigo, sino al refuerzo. En cambio, los niños con baja motivación de logro venían de entornos más restrictivos, con mayor control externo y menos libertad para experimentar.
Esto ya nos da pistas: cuando solo se nos ama por lo que conseguimos, aprendemos a medir nuestro valor a través del logro.
Y entonces, la maquinaria no para.
Atkinson, otro gran estudioso del tema, fue aún más allá.
Él entendía el comportamiento de logro como un conflicto emocional: un tira y afloja entre el orgullo por conseguir algo y la vergüenza de fracasar. Esa tensión genera un estado interno en el que el logro se vuelve necesidad.
No un deseo sano, sino una forma de evitar sentirnos menos.
Y cuando eso ocurre, se cruza una línea invisible: dejamos de lograr por pasión y empezamos a lograr por miedo.
Por eso, muchas personas rinden más ante tareas difíciles que ante tareas fáciles.
No por masoquismo.
Sino porque solo en el reto sienten que vale la pena esforzarse. Solo ahí sienten que podrían, al fin, sentirse orgullosas de sí mismas.
Pero ese orgullo nunca llega a instalarse del todo.
Dura poco. Porque al día siguiente ya hay otro estándar que cumplir.
No hay nada de malo en lograr cosas.
Lo jodido es cuando te identificas tanto con ellas que ya no sabes quién eres sin tu rendimiento. Cuando necesitas constantemente un nuevo objetivo para no enfrentarte al vértigo de quedarte quieto. Cuando sientes que, si no haces algo útil, pierdes valor.
Y aquí hay una pregunta que casi nadie se hace:
¿Qué te pasa por dentro cuando no estás logrando algo?
En una sociedad obsesionada con el rendimiento, no basta con ser. Hay que ser mejor.
No basta con estar. Hay que avanzar.
No basta con vivir. Hay que optimizarse.
La versión que crees que deberías ser nunca te deja en paz con la que realmente eres.
Byung-Chul Han, en La sociedad del cansancio, lo retrató con una frase que no se olvida:
“El sujeto del rendimiento se explota a sí mismo creyendo que se está realizando.”
Creemos que elegir nuestras metas nos hace libres.
Pero muchas veces no somos nosotros quienes las elegimos, sino la imagen idealizada que construimos para sentirnos valiosos.
Por eso, quizás, no necesitas más herramientas, más cursos, más resultados, más likes…
Solo una pausa honesta.
Un acto de rebelión silenciosa contra ese mandato de ser siempre mejor.
Y la oportunidad de volver a ti… aunque esta vez no tengas nada que demostrar.
Recomendación
Empecé sin mucho entusiasmo este nuevo documental de Netflix “Número desconocido. Un escandalo de ciberacoso escolar”. Al principio parecía una investigación más de bullyng online hasta que a mitad de la historia, tu mente cortocircuita. El shock es tan brutal que tu cerebro se inunda de preguntas sin respuesta. Es un reflejo impactante del narcisismo psicopático más atroz.
Consejo WakeUp
Rompiendo la inercia del logro
Haz este ejercicio con calma, papel y boli. No lo pienses, escríbelo.
Escribe tus 10 logros más recientes.
Pueden ser grandes o pequeños. Personales o profesionales. Elige los que te vengan sin filtro.Para cada logro, responde por escrito:
¿Para quién lograste realmente esto? ¿Lo hiciste por ti… o para demostrar algo a alguien? Sé brutalmente honesto.
¿Qué esperabas sentir cuando lo consiguieras?
¿Qué sentiste en realidad? ¿Y cuánto duró esa sensación?
Ahora observa el patrón.
¿Cuántos logros nacieron de un deseo genuino, y cuántos de una necesidad de validación? ¿Cuáles te acercaron a ti… y cuáles te alejaron?Acción directa:
Elige un objetivo que tengas ahora mismo en marcha y renegocia tu relación con él:
– Si lo vas a seguir persiguiendo, que sea porque lo deseas, no porque “lo debes hacer” o “lo tienes que hacer”.
– Si descubres que ya no te representa, suéltalo.
Este ejercicio no es para juzgarte. Es para dejar de correr detrás de lo que ya no te sostiene.
El rincón del pensamiento crítico
Esto que dice el gran Antonio Escohotado es tan básico que me jode tener que recordarlo. Pero últimamente, no la veo. No sé si me estoy volviendo una vieja cebolleta, pero es terrible la falta de educación generalizada.
La frase
“Recuerda. Cuando alguien dice “has cambiado”, generalmente lo que quiere decir es “has dejado de vivir tu vida a mi manera”.
Ricky Gervais (actor, director y productor)
Encuentros WakeUp
➡︎ Si ahora mismo no eres capaz de salir de la crisis y vacío existencial en la que te encuentras, lo ves todo negro, no sabes afrontar los conflictos, sientes que no avanzas, tu negocio te está comiendo la vida, repites las mismas situaciones insanas una y otra vez… es hora de despertar.
En los «Encuentros WakeUp», mediante un proceso de indagación emocional profunda, identificarás el origen de tu problema actual, la razón de por qué repites patrones, tus creencias disfuncionales y tu relato interno limitante.
Un acompañamiento emocional auténtico para que atravieses tu crisis sin perder el rumbo.
Si quieres despertar por aquí.





Hola Susana, me gustó mucho la explicación sobre el motivo del logro y me sentí muy identificado y sobre todo motivado a realizar el ejercicio que propones.
Muchas gracias por las recomendaciones.
Saludos desde México
Muy interesante 😃. Lo incluimos en el diario 📰 de Substack en español?