El día en que aceptas que tus padres ya no serán eternos
Llevo dos semanas sin poder escribir esta newsletter.
Mi madre, a sus espléndidos 85 años, se ha roto la cadera.
Ahora necesita cuidados 24h. Y esto supone cambios y organización entre los hermanos para atenderla.
Cuando veo a mi madre inmóvil, dependiente, frágil como una hoja seca… es cuando tomo conciencia de que el tiempo ya le ha alcanzado sin posibilidad de prórrogas.
Durante toda nuestra vida los padres son la base (no todos, por desgracia).
Sabes que están ahí aunque los veas poco.
Sujetan. Son tu norte, tu cobijo, tu referencia.
Aunque no sean perfectos. Aunque sean la fuente de muchas de nuestras heridas emocionales.
Y de pronto, un día, sin darte cuenta, esa asimetría se invierte.
Tú te conviertes en el adulto. Ellos, en los vulnerables.
Ellos que un día te guiaron, ahora se pierden.
Ellos que te levantaban, ahora necesitan que los levantes.
Ellos que sabían todo, ahora te preguntan si está bien lo que hacen.
Y no hay manual para esto.
Ni se nos prepara para asistir al lento desmoronamiento de quien fue invencible ante nuestros ojos.
Jorge Bucay decía que “madurar es aceptar que nuestros padres no son eternos”.
Pero hay algo más duro aún: ver que, aunque sigan vivos, hay partes de ellos que ya no están.
Que desaparecen poco a poco, en una especie de duelo silencioso donde no hay entierro, pero sí pérdida.
La psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross, pionera en el trabajo con personas moribundas, escribió que “la muerte no empieza cuando el corazón se detiene, sino cuando dejamos de ser vistos como éramos”.
Y eso es exactamente lo que pasa: el deterioro físico o cognitivo convierte a nuestros padres en personas distintas. Siguen siendo ellos, sí. Pero ya no son del todo.
Y esa transformación, por dentro, te deja huérfano.
Huérfano de su fuerza.
Huérfano de su protección.
Hay un invisible sistema de soporte vital-emocional que damos por sentado hasta que se rompe.
Creemos que siempre estarán ahí, hasta que un día nos damos cuenta de que ahora nos necesitan más que nosotros a ellos.
Y entonces ocurre algo complejo: se despiertan sentimientos que no sabes muy bien cómo gestionar.
Pena. Impotencia. Culpabilidad. Agotamiento. Y una especie de ternura dolorosa que te llena de amor… pero también de nostalgia.
Hay momentos en los que me sorprendo buscando en su mirada a la madre que un día me sostuvo, y ya no está del todo.
Está, pero de otra forma. Presente en cuerpo, pero lejana en potencia.
Y es ahí donde empieza una tarea interior de aceptación: acompañar su final, sin querer detenerlo.
El filósofo Byung-Chul Han escribió que “en el duelo verdadero no se trata de olvidar, sino de guardar, de hacer espacio dentro de uno mismo para lo perdido”.
Tal vez tenemos que ir guardando poco a poco lo que se va perdiendo para que cuando llega la pérdida definitiva, la despedida no sean tan dura.
Recomendación
Hace unas semanas vi un documental de Netflix que me fascinó (no es para todos los públicos).
Basada en el libro de Michael Pollan, explora el potencial terapéutico de los psicodélicos para tratar traumas profundos, depresión resistente y ansiedad.
Es una mirada rigurosa, científica y humana a sustancias que, durante décadas, fueron demonizadas y que ahora podrían abrir puertas interiores que llevaban años cerradas.
Consejo WakeUp
Busca 2 fotos tuyas (una de más joven y una actual).
Divide una hoja en dos columnas.
Observa por unos minutos la primera foto y escribe en la primera columna todas las etiquetas que te pusieron o que sentiste que cargabas (ej. tienes un genio insoportable).
Cuando termines, dedica unos minutos a mirar la segunda foto.
Ahora escribe en la segunda columna, todas las etiquetas que realmente sientes tuyas hoy, con las que te identificas en este momento (ej. soy amable y cariñosa con la gente)
Con este simple ejercicio, vas a reconocer el contraste entre tu identidad impuesta/aprendida y tu identidad real.
Por último, decide qué etiquetas quieres mantener y cuáles no (mantén las que son útiles para ti). Incluso qué nuevo significado quieres darle a ciertas etiquetas (ej. mi genio me ha permitido mantener los límites y ser una persona decidida en la vida).
Las etiquetas no son buenas ni malas per se. Solo funcionales o no en el momento actual.
El rincón del pensamiento crítico
Esto te va a ayudar a comprender el porqué hacemos lo que hacemos, aunque nos perjudique. Clave para entender al ser humano y dejar los juicios a un lado.
La frase
“La gente no parece darse cuenta de que su opinión del mundo es también una confesión de su carácter”
Waldo Emerson
Encuentros WakeUp
➡︎ Si ahora mismo no eres capaz de salir de la crisis emocional en la que te encuentras, lo ves todo negro, no sabes afrontar los conflictos, sientes que no avanzas, tu negocio te está comiendo la vida, repites las mismas situaciones insanas una y otra vez… es hora de despertar.
En los «Encuentros WakeUp», mediante un proceso de indagación emocional profunda, identificarás el origen de tu problema actual, la razón de por qué repites patrones, tus creencias disfuncionales y tu relato interno limitante.
Un acompañamiento emocional auténtico para que atravieses tu crisis sin perder el rumbo.
Si quieres despertar por aquí.




Muy interesante resumen! Te dejo un comentario personal:
Yo vivi lo contrario, mi padre fallecio por accidente mientras aun estaba perfectamente, por lo tanto no pase por esa fase de tener que cuidar de el y verle apagarse. Creo que eso lo hace mas doloroso porque viene toda la perdida de golpe y ademas de ves en la situacion de desamparo de golpe. Pero en cierto modo estoy agradecido de no tener que pasar por ello y asi siempre lo recordare como la persona fuerte e inteligente que estaba alli para mi..
Muy interesante!!