De ciudadanos corrientes a fanáticos peligrosos: cómo el contexto y el poder modelan tu conducta
Hace unos años, el psicólogo social Jonathan Haidt escribió que “los humanos son animales morales, pero también animales sociales”.
Nuestras decisiones éticas no solo dependen de lo que sabemos que está bien o mal, sino de quiénes somos en un grupo y bajo qué reglas estamos actuando.
Hoy hay miles de ejemplos de esto: usuarios que defienden sus ideas extremas en redes sociales, adolescentes atraídos por consignas ideológicas anticonstitucionales, ciudadanos polarizados que se chivan y acusan a otros indefensos, personas comunes que al darle poder se transforman en seres inhumanos…
Parte de ese comportamiento no se explica solo por ideología o predisposición (que también), sino por cómo el contexto social y la autoridad moldean la conducta humana.
Así lo comprobaron 3 psicólogos sociales en tres experimentos aterradores.
El experimento de Milgram
En 1961, Stanley Milgram, inició su experimento, tres meses después de que Adolf Eichmann fuera juzgado y sentenciado a muerte por crímenes contra la humanidad durante el régimen nazi en Alemania.
Milgram quería responder a una pregunta clave: ¿Cuál era la disposición de las personas comunes para obedecer órdenes de una autoridad aun cuando estas pudieran entrar en conflicto con su conciencia personal?
Uno de los voluntarios (rol “maestro”) debía leer pares de palabras y, cada vez que el otro voluntario fallaba (rol “alumno”), le aplicaba una descarga eléctrica creciente, empezando en 15 voltios hasta un máximo de 450.
El “alumno” no recibía descargas reales, pero el “maestro” no lo sabía. Escuchaba gritos grabados, golpes y súplicas, mientras el experimentador (con bata y autoridad) le indicaba que debía continuar.
Antes de llevar a cabo el experimento, el equipo de Milgram estimó que el promedio de descarga se situaría en 130 voltios con una obediencia al investigador del 0 %.
El desconcierto fue grande cuando se comprobó que el 65 % de los sujetos que participaron como “maestros” en el experimento administraron el voltaje límite de 450 a sus “alumnos”.
Ningún participante paró en el nivel de 300 voltios, límite en el que el “alumno” dejaba de dar señales de vida.
La conclusión fue cruda: la obediencia a la autoridad puede superar la empatía y la moral personal.
La Tercera Ola
Y un profesor de historia, en California, llamado Ron Jones realizó el experimento llamado La Tercera Ola en 1967.
Impartía la asignatura Mundo Contemporáneo y sus estudiantes no creían lo que él les contaba sobre la Alemania nazi. No entendían como Hitler había cambiado todo un país y se había hecho con el poder.
Jones decidió hacer un experimento para enseñarles que aquello no era imposible y cualquier sociedad civilizada podía convertirse en un estado totalitario (ya lo estamos viendo en EE.UU.)
Creó un movimiento con disciplina militar, saludos, lemas de unidad y reglas estrictas de pertenencia.
En cuestión de días, estudiantes “comunes” se convirtieron en obedientes fanáticos que delataban a sus propios compañeros por no adherirse al movimiento.
Jones detuvo la experiencia cuando la dinámica de grupo ya había desplazado el pensamiento individual.
Lo que demostró fue que basta una autoridad carismática, una estructura de grupo y presión social para producir obediencia ciega y conformismo.
La cárcel de Stanford
En 1971, Philip Zimbardo se preguntó qué pasa cuando el contexto te asigna un papel de poder o subordinación.
Transformó un sótano de la Universidad de Stanford en una cárcel simulada y distribuyó roles: guardias o prisioneros entre varios voluntarios.
Zimbardo estableció varias condiciones específicas que provocaban la desorientación, la despersonalización y la desindivudalización.
El experimento se descontroló rápidamente.
En pocos días, los voluntarios con el rol de guardias comenzaron a mostrar conductas crueles, intimidantes y degradantes, mientras los prisioneros desarrollaban ansiedad extrema y somatizaciones.
Zimbardo concluyó que el poder y los roles sociales pueden transformar a personas normales en abusivas sin necesidad de maldad previa. El contexto amplificó conductas que probablemente no se habrían manifestado fuera de ese marco.
En definitiva, no somos agentes aislados que eligen siempre con lógica y ética perfecta.
Somos seres sociales que adaptamos nuestras conductas a señales del entorno, de la autoridad y del grupo al que pertenecemos.
La presión social, la necesidad de pertenecer, la obediencia a la autoridad, el miedo a la exclusión y la pérdida del pensamiento crítico son elementos poderosos que pueden llevar a acciones agresivas, inmorales o deshumanizantes.
Como dijo Erich Fromm…
La historia de la humanidad empezó con un acto de desobediencia y es muy probable que termine con un acto de obediencia.
Recomendación
Ante los fanatismos y radicalismos que parecen dominar nuestra sociedad hoy en día, el pensamiento crítico es nuestra mejor arma.
El filósofo, profesor y escritor de mi tierra, José Carlos Ruiz, nos recuerda en su libro “El Arte de Pensar”, que filosofar no es un lujo intelectual, sino una herramienta vital para no vivir en piloto automático, para no creer todo lo que nos cuenta y para hacernos las preguntas correctas que nos amplíen nuestra mirada (y nuestras neuronas).
Consejo WakeUp
Una de las herramientas más poderosas (y olvidadas) para desarrollar pensamiento crítico es el diálogo socrático.
Sócrates no enseñaba verdades, hacía preguntas.
Puedes aplicarlo contigo mismo. ¿Crees que algo “es así”? Pregúntate:
¿De dónde viene esta idea? ¿Esta idea me pertenece o la heredé?
¿Qué evidencia real tengo?
¿Qué pasaría si creyera lo contrario?
¿Qué consecuencias tiene para mí pensar así?
No se trata de dudar por dudar, sino de dudar con intención.
El rincón del pensamiento crítico
Hay un vídeo de un pingüino que se ha hecho viral en redes. Un trozo de un documental que casi nadie habrá visto.
En el fondo, este vídeo no va de pingüinos, va de decisiones.
De la necesidad de seguir nuestro propio camino, incluso cuando nadie lo entiende, cuando nadie nos apoya, cuando todo indica que podemos morir en el trayecto.
Este pingüino es la metáfora perfecta del que elige salirse del guion establecido, pero también de los que nunca se atreverán por miedo o presión social. De ahí su éxito.
La frase
“Ten cuidado con el vacío de una vida muy ocupada”
Sócrates
Método StrategyUp
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estado totalitario (ya lo estamos viendo en EE.UU.) JAJAJAJAJAJA…