48 años. 20 lecciones de vida.
Me acerco a la mitad de mi vida.
Da vértigo. Muchas cosas por hacer y menos tiempo para hacerlas.
Pero a la vez, muchas cosas ya hechas en menos tiempo del que pensé.
Cumplir años te da distancia para sopesar que es lo importante y lo que no, que merece tu atención o tu indiferencia. Sobre todo, para dejar de buscar y empezar a vivir en este momento.
Hoy, la nostalgia ha decidido acompañarme.
Le diré luego que se tome una buena siesta para que no se ponga tontorrona.
Ha venido a susurrarme todo lo que he aprendido en estos 48 años de vida (casi nada). 20 aprendizajes que me han ayudado a relativizar y a tomarme menos en serio lo que me pasa.
Aquí te las dejo por sí te sirven de algo:
Las decisiones no son definitivas. Una decisión te marca un camino. Si no funciona o no te gusta una vez decidido, toma otro camino y así sucesivamente. No eres esclavo de tus decisiones.
Cuanto más te conozcas, menos sufres. Querer ser aquello que no eres o no tienes capacidad o conocimiento para serlo, solo implica sufrimiento y frustración. Cuanto antes aceptes tus limitaciones, más trabajarás en aquello que te hace único.
Ser como eres implica renuncias. Ser uno mismo está genial, pero la mayoría no lo practica porque supone rechazo e incomprensión del resto. Es más cómodo adaptar tu personalidad a lo que los demás esperan de ti para ser aceptado.
Decide con todas las consecuencias. Una vez tomas una decisión, no mires atrás. Decidir y estar durante años arrepintiéndote no te lleva a nada. Asume las consecuencias y sigue adelante.
Las guerras hay que saber elegirlas. No pierdas munición en luchas insignificantes que no merecen la pena. El enfado es un veneno para tu mente.
Nada dura para siempre, ni los buenos ni los malos momentos, ni los amigos ni los enemigos, ni el éxito ni el fracaso.
El ego es tu peor enemigo. Cuando algo te duela, antes de hacer nada, piensa si es tu ego el que está herido o realmente son tus emociones. En el primer caso, no hagas nada hasta pasado dos días.
Todo gira en torno a la aceptación. No es resignarse a lo que no te gusta o no esperas, es aceptar que no puedes hacer nada ante situaciones que se escapan de tu control.
La mayoría de las situaciones catastróficas que he imaginado que iban a pasar, jamás han sucedido. La mente es una máquina de miedos inventados que damos vida con nuestra imaginación. El futuro no existe.
Casi nada tiene que ver contigo. Nuestro ego es tan grande que pensamos que todo lo que otros dicen o hacen tiene que ver con nosotros. Todo lo hacemos personal. No eres tan importante.
El dolor solo se alivia sintiéndolo. La mayoría intentamos tapar el dolor con trabajo, sexo, comida, diversión, autoengaño… y el único camino para aliviarlo es sintiéndolo.
Si no es, no sigas insistiendo. Si la vida te da señalas de que por ahí no, deja de pegarte cabezazos contra la pared. No seas masoquista.
Tener expectativas no es algo malo, siempre y cuando aceptes que pueden o no cumplirse. A veces, lo que deseas no llega. Acéptalo y sigue adelante.
El cuchillo de tu enemigo lo afilas tú. Esta frase no es mía, pero resume a la perfección el aprendizaje de que las críticas, abusos y ataques del otro solo tienen poder sobre ti si tú le das ese poder.
Cuando algo negativo para ti se repite en tu vida de forma constante, es hora de cambiar. No es culpa de otros, ni del mundo ni de Trump. Eres tú. Y el cambio siempre es de dentro hacia fuera.
La duda y el bloqueo solo se superan con la acción. Toma el toro por los cuernos y decide de una puta vez. Y luego aplica la regla 1.
No todo llega cuando quieres que llegue. O no es el momento para que llegue o simplemente es mejor que no te llegue nunca aunque lo desees mucho. La vida es sabia y te da o te quita lo que necesitas para aprender.
La autoexigencia es la voz del miedo. Localiza ese miedo (al fracaso, a defraudar, a fallar, al éxito…) y regálale un billete a Marte.
El trabajo duro y el sacrificio no te garantizan el éxito. No eres mejor por dedicar 16 horas al día a tu negocio ni te mereces llegar el primero a la meta por sacrificarte constantemente. Siempre va a haber personas más inteligentes que tú, más listas, más hábiles y más rápidas. La vida tiene un componente de suerte y azar que no puedes controlar.
Mañana será otro día. Cuando tengas un día de mierda, piensa siempre que mañana saldrá del nuevo el sol y que la vida te dará otro día más para seguir intentándolo. O mejor aún, para seguir viviendo.

Es difícil escribir 20 aprendizajes como esos y que no sea capaz de decir cuál me parece menos relevante, o prescindible. Me siento especialmente identificado en bastantes de ellos. Yo también le he dado ya la vuelta al jamón.
Una lección de vida.
Gracias Susana.