10 razones obvias (pero ignoradas por la mayoría) para odiar la Navidad
Cada diciembre, nos disfrazamos de personas felices.
Nos enfundamos en jerséis con renos, sonrisas forzadas y promesas de amor universal… aunque por dentro solo queramos meternos en la cama hasta febrero.
Bienvenido al gran teatro de la Navidad.
Un teatro en el que, en los últimos años, he decidido representar al Grinch.
Me repelen estas fiestas. Cada año más.
Tengo miles de razones para ello pero hoy solo te voy a contar 10, esperando que alguien desenchufe de una puta vez las luces navideñas y nos encontremos en la cuesta de enero cuanto antes.
1. La dictadura de la felicidad navideña
No importa cómo estés. Si es Navidad, toca estar feliz.
No hay espacio para la tristeza, el duelo o el hastío. Si no sonríes como si fueras el elfo jefe de Papá Noel, algo va mal contigo.
“¿Estás bien? ¿Seguro? Deberías animarte, es Navidad…”
Como si los villancicos curaran el malestar emocional.
2. El apocalipsis consumista
De repente, el amor se mide en el tamaño del paquete y la cuenta bancaria en rojo.
Compras como si el mundo se fuera a acabar, como si el afecto se pudiera envolver con papel brillante.
¿Y todo para qué? Para ver cómo tu sobrino arruga el ceño porque esperaba otra cosa (rodeado de 20 juguetes que irán a la basura al año siguiente).
3. La tiranía del ruido (o cómo se ha prohibido el silencio)
Todo tiene que sonar.
Villancicos a todo volumen en el súper, playlists felices en Spotify, campanitas, la Mariah Carey de los cojones, petardos, brindis, fuegos artificiales…
Parece que si no hay ruido, la gente se asusta.
Como si el silencio fuera peligroso.
Pero el ruido constante es la forma más eficaz de no escuchar lo que de verdad sientes. Si todo está encendido, tú no puedes apagarte.
Y eso, a veces, es justo lo que necesitas: apagarlo todo. Aunque no quede bonito en Instagram.
4. Tu hígado necesita un abogado
Comidas, cenas, vermuts, brindis, postres, copas...
Sales más en diciembre que en todo el año junto y aunque tu cuerpo te pide una sopa y cama, tú ahí, con el estómago al borde del colapso, diciendo “venga, una más”.
Porque si no sales, saltan las alarmas y tus amigos ya te recomiendan ir a un psicólogo.
5. La cena familiar: versión light de Chernóbil
Ah, la familia… ese hermoso conjunto de personas que solo se sientan juntas en Navidad para hacer como que se quieren mientras se lanzan cuchillos invisibles con los ojos.
Todos callando cosas desde hace años.
Todos a punto de explotar.
Mientras las preguntas prohibidas salen a la luz sin filtro: “¿y el niño para cuando?”, “¡¿No me digas que ya no estás con fulanito?! Si era muy apañao el muchacho”, “¿cuándo vas a buscar un trabajo de verdad?”….
6. Divine con hipotermia
Tacones, maquillaje a prueba de lágrimas, vestido mini, americana entallada, camisa sin abrigo “porque queda mejor sin nada encima”… todo con -3 grados en el ambiente.
Da igual si estás tiritando como un chihuahua mojado. Lo importante es la foto.
Porque si no hay selfie, no hay Navidad.
Y ahí estamos: ellas con las piernas moradas de frío, ellos con el tobillo al aire como si no existiera el invierno.
Todo sea por lucir divinos, aunque el cuerpo esté pidiendo socorro y una manta térmica.
7. El FOMO emocional
¿No tienes pareja? ¿No tienes plan? ¿No tienes árbol? ¿No tienes ganas?
Prepárate para sentirte mal.
Las redes se llenan de gente brindando, riendo, viajando… y tú con tu pijama de Primark viendo ‘Succession’.
Te venden que deberías estar haciendo algo. Lo que sea. Pero nunca nada.
8. El bucle de propósitos absurdos
Entras en diciembre con 3 dramas sin resolver y una autoestima tocada… y aún así, haces la lista de propósitos.
Porque toca.
Y apuntas cosas como “apuntarme al gimnasio”, “ser más positiva”, “no volver con mi ex”.
Spoiler: te apuntas el 3 de enero y el 23 ya no vas. (Y sí, vuelves con tu ex).
9. La hipocresía con brillantina
De repente todo es paz, amor y buenos deseos.
La gente que te ignora el resto del año te escribe “¡Felices fiestas!”.
El jefe tóxico te regala una cesta. Tu ex te responde una story con un corazón.
Es lo que toca. Y en Navidad, hasta el Grinch parece buena persona.
10. La verdad incómoda
La Navidad termina, y queda el vacío.
El decorado cae. Las luces se apagan.
Las emociones que habías tapado con polvorones, copas y postureo vuelven a aparecer.
Y te preguntas: ¿Otra vez igual?
Recomendación
Pensando una recomendación para estas fiestas, me vino a la cabeza esta gran película danesa de 1998: “Celebración”.
Fue la primera película del movimiento artístico Dogma 95 creado por los directores Vinterberg y Lars von Trier. Cámara en mano, simplicidad en el rodaje y protagonismo absoluto a la trama.
Una celebración familiar aparentemente feliz pero que estalla en mil pedazos conforme avanza la trama. Impactante. Por supuesto, no apta para todos los públicos.
Consejo WakeUp
Si estas fiestas se te hacen bola, deja de intentar encajar en el molde.
Pregúntate:
¿Qué parte de mí se está forzando a sonreír?
¿Qué me gustaría hacer si pudiera elegir de verdad?
¿Dónde me obligo a ir solo por miedo a decepcionar o sentirme rechazado?
Te invito a que tengas y vivas la Navidad como te dé la gana: solo, en pareja, con tus perros o gatos, viajando, en familia, trabajando, con amigos… o simplemente viviéndola como un día más del año.
El rincón del pensamiento crítico
Si le das al play, te aseguro que te cambiará tu percepción sobre la Navidad.
La Frase
“Ser uno mismo en un mundo que constantemente intenta que seas otra cosa es el mayor de los logros.”
Ralph Waldo Emerson
Método StrategyUp
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Una genia realmente 👏 estoy en la misma linea de emociones. Keep kalm